Saturday, October 28, 2006

Norteada

Norteada… parece que así me encuentro sin ti, o al menos así me ve la gente. Me ven distraída, ausente. Parece que he perdido la noción de todo, de los días, del tiempo, de mí y de ti. Pero no saben nada, nadie sabe nada, a veces (muchas veces) ni yo misma entiendo.

Norteada…, no estoy norteada, estoy sin ti. Estoy sin verte, sin tenerte, los días pasan largos y lentos, estoy cansada. Cansada todavía de ti, pero más cansada por no saber qué quiero. Todos los días tienen un color distinto, un sentimiento que me confunde y me desespera aún más...

Saturday, October 21, 2006

Nada más

No necesito más tranquilidad que la que yo misma me doy,
Ni más voz de la que tú me das
Tampoco necesito más corazón que el que ya tengo,
Ni más alegría que la que tú me traes
Y aún cuando todo es incierto (y nada claro),
No necesito verte, ni tocarte
Porque así es ya perfecto,
Porque no pido más, no falta más

Saturday, October 14, 2006

Te cuento como queriendo y no queriendo. Creo que por el momento sólo olvidaré tu nombre, sólo tu nombre, para no poder buscarte, para no pronunciarlo, para no intentar invocarte con repetirlo intensamente, para no grabármelo, para hacerme dudar del momento en que te conocí, para cuestionar si fui yo la que inventó cada una de las líneas que trazan tu rostro o si fue Dios. Cuestionar cada una de esas líneas que formaban tu frente mediana y tersa, que abría paso a tus ojos profundos, cafés casi negros, alegres, juguetones, sonrientes, llenos de brillo, enmarcados por tus cejas negras, pobladas pero bien delineadas. Y tus ojos, protegidos por unas pestañas nada perfectas, que le daban a ese tu rostro, por su suave caer, un sentido de coquetería lleno de timidez al mismo tiempo, pestañas de aguacero, imperfectas para el mundo, perfectas para mí.
Tras despegar mis ojos de los tuyos, te seguí admirando, encontré tanta belleza en ti, y debes saber que fue sin querer que te encontré, que te vi, que no estabas en mis planes. Tu nariz no la recuerdo bien, no como tus ojos, sé que la forma una línea recta, suave, y que parece darte algo de seguridad, pero nada más, y es que después me dejé llevar por tu sonrisa, antes de ver tus labios me topé con ella, era sincera, recurrente, adecuada, no exagerada, no fingida, era real y sencilla, alegre como tus ojos. Bello, eres bello. Seguido de identificar tu sonrisa y así como te cuento, antes de ver tus labios, vi tu lunar, estaba cerca de tu sonrisa, cerca de tus labios, pero no recuerdo donde, sólo sé que lo vi haciéndote más suave, más sensible, parecía estar desvaneciendo, expuesto para todo aquel que te observe despacio, con atención como lo hice yo. Por fin llegué a tus labios, no eran grandes, al contrario, chicos para no estorbar a la belleza de tu sonrisa, enmarcándola, así como tus cejas a tus ojos.
Tu piel, tu piel… ya no te molesto, ya te dejo, sólo déjame contarte cómo el color de tu piel sin ser morena o blanca, está en medio, como todo tu rostro te hace suave, tu piel con un tono rojizo algo pálido, como las frutas cuando están en su punto, cubiertas por un rojo vivo pero tímido, que las hace más suaves, más ricas, así era tu piel.

Olvidaré tu nombre, para no llamarte, pero tu rostro no, inventado por mí o real, es mío y lo conservo.

Saturday, October 07, 2006

Mi amiga

Con el paso de los años y las cicatrices que se han borrado siento que no he vivido, tengo la vida, la sé mía sin duda y aún así no es suficiente. Risas, llantos, caídas, levantadas, arriba y abajo, siempre. Todo sentimiento, todo a flor de piel, pero sin locura, sin desatarme aún. La mirada cabizbaja, el cuerpo tranquilo, sin respirar de más, sin sentir con más fuerza. Los años se van, se alejan, sigo sin perder la cabeza y es que tal vez vivir de más y más aprisa no es para mí, porque aquí la vida pasa lenta, silenciosa, con alguna gran sonrisa esbozada en mis labios de vez en cuando, pero vuelvo, vuelvo a mi aire lento, a los días de sol que cansan y los días de lluvia que deprimen. Todo miedo, todo sensatez. Y si por equivocación llegara a desviarme de mi camino para acariciar con la punta de mis dedos aunque sea un poco de esa chispa de locura que ustedes poseen, regresaría a mi fiel seguridad, a mi futuro nada incierto, sintiendo culpa, sufriendo mi error. Porque ni el sol, la lluvia, los años o los días me dejan tener más libertad, más de la que ya tengo. “Sin desatarme aún”. Realmente no sé si estas palabras tengan significado para mí, no sé si en mi cuerpo quepa el desato, o si pueda esperar la llegada del “aún”. Mi fiel conciencia, mi amiga, la que no me deja ir más allá de donde dicen que debo, la que no me deja equivocarme, la que me hace vivir sin consecuencias. Ella es mi amiga, me acompaña, y mientras oiga las voces traviesas de quienes me cuentan sus aventuras sin vergüenza debido al gran regocijo que les trajo en un principio, mi amiga me dirá de cerca y al oído que soy y seré diferente, que a salvo estoy, que he actuado bien, porque la delicia de la locura no es para mi, porque mujer de bien he de ser. Ella es mi amiga, o así me lo hace creer. Ella se dice mi amiga.