Saturday, January 27, 2007

cuentagotas

Gracias cielo por darme la vida a cuentagotas, por dejarme ver y entender cada cosa a su tiempo, por darme la libertad de hacer mío cada sentimiento, cada emoción, cada día. Disfruto cada momento, como la soledad que puedo sentir algunos días, la tristeza evidenciada por mi caminar con la mirada en el suelo, las lágrimas que no contengo (algunas veces porque no puedo, otras porque no quiero), como las confusiones y los pensamientos que no me dejan dormir algunas noches, como los días en los que el mundo entero me parece un regalo y siento que a mejor lugar no pude llegar, como cuando camino sintiendo que tengo toda la libertad que quiero, que vivo a manos llenas y como cuando me siento presa por no poder hacer aquello que quiero y me detengo, como las tardes en las que ni cabeza, pies, manos o corazón se conectan y hago un desastre de mí, como saberme reír de mi misma.
Gracias cielo porque todo aquello que siento me hace encontrarme a mi misma, conocer pedazos de mí que había olvidado o estaba por descubrir.
Espero y esperaré siempre la vida que poco a poco me das, así como espero retribuirte, dar todo de mi a quien pase a mi lado o a quien yo misma busque, serte
fiel, fuerte y sensible.
Gracias Dios.

Wednesday, January 17, 2007

…y cuando recuerde tu nombre,…cuando recuerde tu nombre no podré saber si ha sido por mi felicidad o mi desgracia. Tampoco podré contenerme en mis intentos de repetir tu nombre incesantemente, porque podrías así aparecer. No podré distinguir mi realidad de mi fantasía.

Cuando recuerde tu nombre, los días se volverán noches y las noches días, me harás soñar de día y vivir de noche, pues teniendo no sólo tu rostro, sino también tu nombre, ¿cómo podré encontrar la solución a esta fascinación que tan fácilmente haces crecer?, ¿cómo hacer para no soñarte en los días?, para apartarme de ese tu nombre que me tiene tan despistada, de ese tu rostro que me tiene tan ausente, ¿cómo hacer para no pensar en ti en las noches?, y conciliar por fin el sueño, en vez de pensar una y otra vez: ¿cuándo?, dime, ¿cuándo te volveré a ver?, dime , dígame alguien si parezco perder los cabales o si sólo es la agonía de saber tu nombre, saber tu rostro, pero no saberte completo.

Cuántas noches convertidas en días y cuántos días convertidos en noches deben pasar antes de que me concedas más que un saludo alegre o unas miradas confusas, cuánto tiempo antes de tener algo más de ti, un pedazo de tu mente (por no pedir demasiado y decir un pedazo de tu sentir, tu corazón).
¿Cuánto más?, cuántas horas, cuántos días, cuántos instantes, cuánta impaciencia mía…

Cuando recuerde tu nombre,…cuando no por gran fortuna recuerde tu nombre, sabré que no ha sido por mi bien, sabré por qué en un principio lo olvidé.

Wednesday, January 10, 2007

Los días de la nada

¿Cómo voy a cumplir mis sueños si no hay nada ni nadie que me aliente?, y ¿para qué cumplirlos si bien dicen que no hay nada más limitado que un sueño que se cumple?
Dentro de toda la felicidad que puede haber en mi persona, tiene que haber un día de pesimismo, de depresión, y es hoy, un día de esos en los que nada tiene sentido, nada tiene pies, ni cabeza, y ni mis palabras llenas -hoy vacías- parecen obedecer a una mente coherente.
Hoy puedo llorar por nada y por todo al mismo tiempo.
Elegí este día para pensar en ti, en todo y en nada, para pensar que al menos hoy no sé a dónde voy, ni de dónde vengo o a dónde pertenezco. Soy parte de todo y de una gran nada, aunque mañana recupere el sentido, la razón y la sonrisa, hoy no es un buen día.

De la repentina soledad II (nada ni nadie)

Triste, preocupada, algo sola. Mi cuerpo no está inquieto como en días anteriores, de pronto una gran soledad me invadió, una tristeza también. No sé si sea yo misma la que se aleja de todos, no sé si tengo miedo a amar, si simplemente amo estar sola, o si lo que busco no lo he encontrado en nadie, y eso es lo seguro, lo que no cambia y no parece cambiar, que no hay nadie. Mi corazón, mi cuerpo y yo, alejados,
deprimidos,
reprimidos,
asustados,

ausentes

Wednesday, January 03, 2007

De la repentina soledad

Empiezo a sentirlo, empiezo a sentirme sola. Ella me lo dijo, me lo dijo como suele decirme o asegurarme las cosas muchas veces, como tratando de hacerme entender que me conoce más de lo que creo. Me dijo que después de un tiempo de estar lejos de él o de cualquier otro hombre me iba a sentir sola, que sentiría la necesidad de tener junto a mí a un amigo que simplemente me escuchara o estuviera conmigo en esas tardes en las que no hay nada que hacer más que pensar en lo sólo que se encuentra uno, entonces me daría cuenta, dijo ella.
Pero también la recuerdo decir que ese lapso sería largo, que llegaría cuando me pudiera sentir cansada de disfrutar cada mañana, tarde y noche para mí, cuando de tanto estar conmigo misma, con mis libros, letras, música y pensamientos sintiera por fin la necesidad de hablar, de decirle a él o a cualquier otro todo lo que pienso y siento, cuando los amigos de algunos días o ratos no me fueran suficientes y quisiera que fueran amigos de todos-los-días, de siempre, que fueran testigos de todo lo que pienso y no suelo decir, de mis gestos y mi ser.
Se equivocó en algo, el largo lapso, ese “disfrutar mi libertad”, hacer y deshacer a mi gusto, parece terminar muy pronto.



Amiga, te digo que aún suele sorprenderme que me conozcas más de lo que imagino.